domingo, 19 de febrero de 2012


CASA DE ESPIRITUALIDAD SCALA COELI

TEROR DOMINICAS, GRAN CANARIA



Un alto en el camino




Próximos talleres


Impartidos por Pilar Del Barrio DMSF




Días de Interiorización:

* Vivir con Jesús su Vida, Muerte y Resurrección

Días 2, 3 y 4 de marzo.

* Pentecostés

Días 25,26 y 27 de mayo.




CONVENTO DE LAS DOMINICAS DE TEROR (GRAN CANARIA)
EL UMBRAL DE LA VIDA INTERIOR



Uno de los parajes más impresionantes de Gran Canaria. Un lugar para el silencio.
Ideal para organizar cursos, talleres y encuentros alejados del ruido y en total armonía con la naturaleza.

http://www.youtube.com/watch?v=nHhKtZhFCwQ

Contactar para más información con Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia:

Tf. 928 614 013
E-mail: terordominicas@yahoo.es






domingo, 12 de febrero de 2012

POEMA DE BERBEL

(SOBRE MI MATERNIDAD)




 Fotografía de Berbel (México, D.F.)



Yo soy la madre de los días y las noches,




de las sumisas, de las esclavas, de las rameras.



La engendradora de vírgenes y mártires,



de las que bordan y las que queman las banderas.



Me siento que soy yo



la que he traído al mundo



a todas aquellas, las mal llamadas:



hijas de puta, hijas de María,



mujeres de la noche,



guerrilleras y aparceras sin nombres.



He dado a luz y sombras a tantas mal nombradas:



judías inconfesables, negras de mierda, afganas masacradas,



a todas las violadas de esta tierra,



a cualquier neoyorkina despistada o insulsa,



penitentes, inconscientes, estiradas y pendejas.



Tailandesas y baronesas



en una misma cuna de mentiras las mecí.



Paridora de modelos, empresarias, bulímicas, enfermas,



ricas, anoréxicas, poderosas, beatas, olvidadas y muertas,



que amamanté como una perra loca.



Yo soy la madre, la misma que tejió los burkars



ignorando que se podía gritar.



La que las subió a las pateras



o las senté en las esquinas de los burdeles



cerrándome los ojos por no chillar también.



Mis hijas son el fruto de toda la ignorancia,



el descuido, la crueldad, la humillación,



la rabia, el llanto y la miseria.



Yo, la madre de los pechos secos



y del vientre inmenso sin otra vida mejor.



La madre de todas las mujeres sin identidad.



¿Cómo amasar todas las sangres



para formar un solo tronco de luz y de esperanza?



Arañar todo el planeta con mis propias uñas,



inventar en el delirio un camino distinto,



¡Dios mío, más humano!



(De un poemario inédito).

sábado, 11 de febrero de 2012

El violín y el oboe


EL VIOLÍN Y EL OBOE

Teresa Iturriaga Osa
 
 
 
 
"El violín no es el oboe;
                                                               uno es pasión
y el otro es sabiduría."
                                                                                 (Yves Bonnefoy)

 
 
     Había una vez un oboe que descansaba en solitario bajo la sombra de un gran árbol cuando, de pronto, oyó los gritos de un loco violinista que bailaba sobre un tejado. Sin duda, aquel hombre tocaba con tanta alegría que el sonido de su violín llenaba el valle de transparencias mágicas. Pobre y feliz, saltaba por encima de los agujeros del techo de su casa mientras su música sobrevolaba los montes hacia otros mundos invisibles desde las cúpulas del viento.

     El oboe se quedó tan fascinado que, desde entonces, no podía olvidar al violín, ¡qué suerte vivir así!, ¡con la energía de un gran soñador! Él, por su parte, vivía cómodamente en un lujoso apartamento de Viena. Todos los días, su dueño lo trataba con mimo y respeto, y en verdad que no tenía ningún motivo para quejarse de nada, todo lo contrario. Al regresar del trabajo, antes de cenar, el hombre se aislaba del ruido de la calle en el gran salón de su casa y tocaba el oboe con fuerte personalidad, intimidad y afecto, arropándolo en silencio. Pero su ritmo era muy diferente al de aquel poema cifrado que el oboe había escuchado en el violín, un enigma hundido en su centro inconsciente, sumergido en un mar de cadencias que escapaba a toda lógica.
 
     El oboe estuvo entretenido en estos y en otros pensamientos difusos durante muchos días… hasta que, finalmente, pensó que… en efecto, todo estaba bien, que los dos eran notas de la vida, eran signos de dos presencias en el mundo, violín y oboe, oboe y violín... Y se tranquilizó. Aunque él siguió soñando cada anochecer con aquella cima de su horizonte (¿dónde?, ¿pero dónde estaría el violín?).
 
     Hasta que un día de primavera se conocieron. Ambos músicos tocaban al aire libre, cada uno por su lado, cuando se levantó un viento cálido que desplazó el sonido y las notas chocaron. Entonces, el oboe escuchó atento. El violín -al igual que él- sólo iba en busca de sí. ¿Serían capaces de seguirse en ese vuelo? Era difícil. Aún así, él quería iniciar un diálogo de palabras intraducibles… pero no sabía cómo. Comprendió que el habla espontánea, incontrolada e irreflexiva de las cuerdas de aquel violín no siempre se adaptaría al espíritu de otro instrumento. Eso le inquietó y se lo dejó notar al violín en la distancia. La respuesta del violín no tardó mucho en llegar: "No hay nada de razonable en mi melodía de loco colibrí, lo sé, pero no puedo evitarlo".
 
     El violín también le dijo al oboe que no podía privarle de la libertad necesaria para respirar, porque sería él, con su voz grave, quien establecería un poso de sosiego en el ensemble musical. En realidad, el violín se sentía un poco solo en tan altas llanuras y quería intentar un descenso, así que le prometió que haría todo lo posible por respetarle su espacio. El agitar de sus alas entre las flores también dejaría escuchar el discurrir de las gargantas entre reflejos y sombras. El oboe reflexionó durante unos días y pensó que no debía contradecir las asonancias o las rimas de aquel colibrí si realmente deseaba disfrutar de una sinfonía à deux. Tenía que decidirse y asumió sin remedio que él sería su propio consejero. Y sí, quiso intentarlo. Porque el sonido del oboe, tan viejo como el mundo, le recordó cómo se construye la verdadera belleza y la armonía.
 
     Y, desde ese momento, el violín y el oboe hicieron sonar una música en todas las direcciones que se extendió hasta el infinito y que no se detendrá mientras existan dos seres a la espera de encontrarse.
 
     Todo es extraordinariamente diferente en el juego del universo y ésa es la riqueza de cualquier Babel que queramos conquistar. Tal es la moraleja de este cuento.
 
(Fricciones Relatos. Ed. Beecham /Irónica La Laguna, Tfe.)


EL VIOLÍN Y EL OBOE
VIDEO DEL GRUPO TEATRO NACE



 
Un momento de la escenificación del relato adaptado
El violín y el oboe.


miércoles, 8 de febrero de 2012

LIBRO DE RELATOS

DOBLE O NADA




Un artículo de Elisa Rodríguez Court.



Hay libros cuyos protagonistas nos miran de lleno a los ojos y hacen tambalear el universo de nuestras convicciones. Son personajes que se mofan de nosotros, nos remiten a nuestra existencia fantasmagórica y se ríen de nuestro ego, ese “yo” al que tenemos tanto aprecio y que sólo existe en la gramática. Nos dicen que no por parecer el mismo dejamos de ser otro, y viceversa. Somos “Doble o nada”, tal y como se insinúa a lo largo del recién publicado libro de relatos que lleva esta disyuntiva por título. Un dilema que hunde sus raíces en tiempos remotos en que ya la imaginación humana fabulaba, aún sin definirla, con la figura del doble como aquel que se ve a sí mismo o camina al lado. De ahí la variedad de sus denominaciones: la sombra, el reflejo, el otro, el anverso, el desdoblamiento, el gemelo, el fingidor, la réplica.

“Doble o nada”, con prólogo de Enrique Vila-Matas y editado por Huerga y Fierro, se compone de 23 relatos de autores procedentes de ámbitos profesionales diversos. Los dobles danzan por las páginas de este libro en sus distintas variantes y bajo diferentes perspectivas y estilos. Les une esa perturbadora facultad de desafiar el tiempo y el espacio, así como la de encararse a la confortante y unitaria concepción de la naturaleza humana.

Somos “Doble o nada”. Por eso no solo los espejos deberían pensárselo dos veces antes de devolver una imagen, sino también nosotros desconfiar de los reflejos. Porque, además, ¿cuál es el mundo original y cuál el de sus copias? Ambos universos parecen batirse en duelo a lo largo de los relatos de este libro. La progenitura se tambalea en esos momentos en que una de las partes se siente amenazada por la otra, como si cada contendiente considerase al otro como un hermano bastardo que apareciese para apearle del trono.



VARIOS AUTORES



Berbel - Segundo Manchado - Félix Hormiga

Elsa López - Orlando Alonso - Cristina R. Court

Eduardo González Ascanio - Silvia García

Luis A. González - Fabiola R. Court - Judith Bosch

David Galloway - José Ángel Gil Jurado

Pedro Schlueter - Silvia R. Court

Santiago Gil - Ángeles Jurado - Rafael Hierro

Teresa Iturriaga Osa - N. Dobrina Gospodinoff

Elisa Rodríguez Court

Yolanda Soler Onís - Rafael Inglott


Información: elircourt1@telefonica.net

jueves, 2 de febrero de 2012

El Cosmos Graziani




Por Teresa Iturriaga Osa







          Álvaro Cunqueiro lo dijo una vez en uno de sus cuentos: “El buscador de tesoros tiene que ser muy cuidadoso en todo lo que hace, y también ir lavado y limpio. Hay que estar muy bien preparado para tener paciencia. Paciencia, tiempo y dedicación son algunas de las características del buen buscador. No son los más listos los que encuentran tesoros, y algunas veces son niños, o tontos, y también encuentran tesoros los ciegos. El tesoro hay que querer encontrarlo y soñar durante mucho tiempo con él”.

          En efecto, rodearse de multitud no es un estado donde puedan encontrarse los tesoros con facilidad. Todo lo contrario. Si eso ocurre, constituye una excepción que suele darse con muy poca frecuencia. Así descubrí las pinturas de Yolanda Graziani un día de primavera en una sala de exposiciones local. Entré allí por azar, con la paciencia de una tortuga milenaria, sin mencionar la ceguera que me caracteriza; y quizá, por eso, encontré el tesoro que andaba buscando.



          Sus cuadros son puertas a otra dimensión porque, al entrar en el Cosmos Graziani, ya formamos parte de sus experimentos artísticos. Desde un microcosmos de corales hasta un recorrido astral de planetas, cometas y galaxias en formación o destrucción, las visiones se van dando cita en su laboratorio. Ella nos arrastra, llena todo el espacio a través de su luz, transparente y volátil como su mirada. En el país de las maravillas, su pincel onírico sazona el universo con la frescura italiana de su nombre de albahaca... Con sus insinuaciones selváticas, nos lanza sin contemplaciones hacia una jungla de ocres y verdes, cuando no nos sumerge en el paisaje submarino de Las Canteras que ve desde su ventana.

          En su mensaje pictórico, hay arrecifes plagados de peces y algas, hay espacios intergalácticos que su pintura atraviesa en cuestión de segundos, hay entradas a un mundo biológico, casi intrauterino, que descubre los colores más vaporosos y sanguíneos del ser humano, hay elevadas temperaturas volcánicas, mezcla de fluidos y otras formas de energía, hay estallidos de luz que derriten los cristales. El Cosmos Graziani es un espacio mágico donde los elementos químicos se abrazan de tal manera que no pueden separarse. Agua, fuego, tierra, éter, bailan el vals de las esferas aparentes alrededor de su pintura. Ese movimiento sutil en su obra se percibe desde lejos como una vibración invisible que la dirige en su creación. Ella pinta la resurrección inflamable de la materia allí donde la mirada encuentra un remanso de aguas, una esperanza en el tiempo que no agota los relieves geográficos del ser humano.


          Yolanda Graziani es una gema que deslumbra con su pintura porque su mente exhibe con orgullo que nada de la niñez se ha perdido. Merece la pena experimentar ese rayo de esperanza a través de sus cuadros. La fantasía es un reconstituyente que se administra sin receta médica en tiempos de hastío.

lunes, 30 de enero de 2012

"30 de Enero. Día de la Paz y la No Violencia"








Mantente erguido



En la dicha o en la angustia,

en miseria o en riqueza,

en salud o enfermedad,

mantente erguido y sonríe.



Ante quienes se abalanzan,

o se echan al vacío,

o se hieren mutuamente,

mantente erguido y sonríe.



Y si avanzan a codazos,

y ávidos tienden la mano

o se ocultan al acecho,

mantente erguido y sonríe.



Ante aquellos que disputan,

ante aquellos que se injurian,

y los que cierran los puños,

y los que apuntan sus armas,

mantente erguido y sonríe.



En el día de la ira

y de la desbandada,

cuando todo cae y arde,

solo en medio del pavor,

mantente erguido y sonríe.



Ante justos cuellitiesos,

ante jueces implacables,

y afanosos personajes,

mantente erguido y sonríe.



Cuando oigas tu alabanza,

o te escupan en la cara,

mantente erguido y sonríe.



Y si estás entre los tuyos,

mantente erguido y sonríe.

Y delante de tu amada,

mantente erguido y sonríe.



En los juegos y en las danzas,

mantente erguido y sonríe.



En vigilias y en ayunos,

mantente erguido y sonríe.



Solo, en el alto silencio,

mantente erguido y sonríe.



Y ya al borde del gran viaje,

aun cuando lloren tus ojos,

mantente erguido y sonríe.



(Lanza del Vasto, Umbral de la vida interior, Editorial Sígueme, Salamanca, 1976, p. 69-70)



jueves, 26 de enero de 2012

La amistad entre Lola De la Fe y Carmen Laforet





ENTREVISTA A LOLA DE LA FE
Por Teresa Iturriaga Osa


En la vida hay encrucijadas que no pueden evitarse. Eso les sucedió a María Dolores de la Fe y a Carmen Laforet cuando se conocieron en el verano de 1932. Las dos esperaban ante la ventanilla de la secretaría del Instituto de 2ª Enseñanza Pérez Galdós el día que iban a matricularse de ingreso en Bachillerato. Desde entonces, aquellas niñas recién cogidas del árbol de la vida, como tejedoras de alfombras, barajaron el futuro con hilos de sueños y palabras, fascinadas por traspasar los límites de lo real. Jugaron. Volaron por las ventanas. Fuera del aula, escalaron los muros, saltaron vacíos entre azoteas, estrenaron juntas sus charoles al galope de su juventud, un corcel de brillo insultante.

Lola De la Fe y Carmen Laforet son mujeres que quedarán entre nosotros como ejemplos de tenacidad ante el ajado silencio de los temerosos. Ellas se enfrentaron a la isla y a los demonios de la escritura. Nadaron en la adversidad de los tiempos difíciles hasta que entraron, no sin temblor, en ese estado de soledad y volcán donde se abrazan las palabras.

Hace unos años, Ediciones Idea reeditó dos de sus obras, “Las Palmas casi ayer”, de Mª Dolores De la Fe, y “La isla y los demonios”, de Carmen Laforet –prologado por Lola-, como testimonio del paisaje que una y otra vivieron.



ENTREVISTA


T.- Lola, háblanos de tu adolescencia con Carmen Laforet... ¿Cuándo empiezan las primeras complicidades literarias?


L.- En el Instituto, claro, ten en cuenta que ella vivía en Tafira y yo en Las Palmas, así que nos veíamos muy poco. Gracias a lo que llamábamos entonces “coche de hora” y, después, fue “pirata” y, ahora, “salcai”...


T.- Me decías que editaron juntas una revista en el Instituto.


L.- Sí, la escribía yo en un pliego de papel barba y se llamaba “Grupitos”. Éramos cuatro: Carmen Laforet, Carmen Lezcano, Julia Cuenca y yo. Firmábamos como G-1, G-2, G-3 y G-4. El número iba por orden de estatura, no por categoría, y, como yo era la más alta, me llamaba G-1. ¡Nos divertíamos muchísimo escribiendo!


T.- ¿Y qué contenidos tenía la revista?


L.- Cada una escribía artículos diferentes. Recuerdo que Carmen Laforet escribió uno cuando venía para el Instituto en aquellos años de la guerra en los que, a cada rato, veíamos soldados desfilando. Escribió un texto magnífico sobre las caras jóvenes con el gesto duro porque sabían que iban a ir a la guerra. Pero no sé dónde andan todos esos pliegos...



T.- ¿Tenían el presentimiento de que iban a ser escritoras?


L.- Nosotras hablábamos mucho de eso, pero yo pensaba que Carmen iba a ser poeta, porque era la que recitaba siempre que había alguna fiesta. La llamaban para la fiesta del libro, la fiesta del estudiante... Recuerdo que llegó a interpretar una obra de Pemán.


T.- ¿Cómo era Carmen de cerca?


L.- Primero que nada, la persona más divertida y la más graciosa, con una personalidad acusadísima. En aquellos años, muchas niñas del campo venían a estudiar con mucho esfuerzo al Instituto –incluso, desde Artenara- y se volvían a su casa los fines de semana, y, recuerdo que, con Carmen, todas se sorprendían, pero le tenían un gran cariño. Ella se distinguía de todas por su originalidad. Y, luego, como ella tenía esa cara tan exótica... porque no es que fuera una belleza, pero su cara tenía una expresividad enorme, un atractivo indudable.


L.- Carmen Laforet tendría unos dieciocho años cuando se marchó de Gran Canaria... y tú me comentabas que ya llevaba dentro la semilla de “La isla y los demonios”.


L.- Sí, sí, porque habíamos hablado de eso alguna vez, pero ya te digo, yo siempre pensé que ella iba para poeta, porque se leía toda la poesía que caía en sus manos. Sí, la novela es estupenda y ya ha salido la edición francesa, también está a punto de salir la portuguesa y la alemana. A mí me sigue pareciendo una de las mejores novelas de Carmen por lo espontánea, lo juvenil y lo sincera que es. Es de esas cosas que tú dices: “Esto te salió del alma”.


T.- ¿Y cómo se explica que una mujer tan joven pudiera captar así las pasiones y miserias humanas, esos demonios que normalmente suelen venir a visitarnos en la madurez?


L.- Es que Carmen tenía una inteligencia extraordinaria. Ella lo captaba todo, hasta leía e interpretaba a Santa Teresa de una forma maravillosa. Era una inteligencia muy seria, profunda, aunque no era nada pedante, no era la típica empollona que se lo sabía todo. Sin embargo, tenía una gran sabiduría que llevaba por dentro.


T.- ¿Introduce muchos elementos de ficción en esta novela o realmente refleja el ambiente de la guerra civil española que se vivió en Canarias?


L.- No, no, no, de ficción, no. Era como ella lo veía y lo que captaba de las conversaciones de los mayores. Tenía una gran capacidad de observación, había sufrido mucho con la muerte de su madre, cuando era una niña de nueve o diez años. Eso fue algo que la impactó muchísimo. Siempre seguía con la idea de su madre. Fue una época muy desgraciada para Carmen, pero la llevó con gran entereza, con silencio y pudor, ya que no quería molestar a sus amigas con tristezas. Demostró una dignidad increíble llevando ella sola su dolor.


T.- ¿Te parece importante esta obra para Gran Canaria?


L.- Sí, sobre todo, si te la lees pensando en que no es la Gran Canaria turística de ahora, sino aquel paisaje que le calaba a ella. Y, lo más importante, el mar. ¡Ella no podía remediarlo! Incluso, se salía a escondidas del Instituto –que se encontraba donde ahora está el Colegio de los Jesuitas, y, antes, por detrás, era la marea, todo de piedras, sin nada de avenida-, se pegaba un bañito y volvía corriendo. El mar para ella era algo... como misterioso, como si sintiera una llamada profunda del mar.


T.- ¿A ti te gustaba el espíritu salvaje de Carmen?


L.- Claro... y si yo no hubiera sido tan totorota... porque yo era muy pachorrienta, muy tranquila... Esas palabras que me decía... “Vamos a correr aventuras”, que era bajar a la playa a darnos un paseo y volver al Instituto... ¡Eran la gran aventura! A mí me resonaban por dentro a gloria, pero después, ¡yo era siempre tan pazguata! Ja, ja, ja... Quizás por eso encajábamos divinamente, como complementos...


T.- En tu libro “Las Palmas casi ayer”, también cuentas muchas cosas de aquella época.


L.- Fíjate, lo que más recuerdo ahora de Las Palmas es lo limpia que era. La calle Pérez Galdós brillaba, aquellos adoquines brillaban como si todos los días les dieran cera. Ja, ja, Ja... increíble. Los zaguanes estaban siempre abiertos. La ciudad estaba resplandeciente, no como ahora. Eran otros tiempos. Mira, por ejemplo, recuerdo que cada año se elegía una Miss San Roque, una Miss Triana... Eran cosas sencillas, pero a la gente le parecía muy bien.


T.- ¿Tienes nostalgia de aquella ciudad de entonces?, ¿o también tenía sus sombras?


L.- Sí, sí, porque, por otro lado, era una ciudad bastante mezquina, siempre con el qué dirán, el qué dirán... No se podía hacer nada porque todo era criticable... qué va...


T.- La primera edición de “Las Palmas casi ayer” recogía tu discurso de entrada en el Museo Canario, pero después lo ampliaste con un nuevo capítulo titulado “Las Palmas casi mañana”. Explícanos esa parte.


L.- Yo siempre he pensado que nunca segundas partes fueron buenas, por eso, no quería hacer una parte de mis memorias, porque salen peor todavía, sino un texto que hablara de cómo veo yo la ciudad ahora. Fíjate que el primer libro de “Las Palmas casi ayer” acaba en el 36, y en éste, yo expreso lo que más me ha llamado la atención de los cambios que se han producido. Por ejemplo, el vestuario, yo me acuerdo de mis amigos jovencitos, todos tan emperchados, limpitos, con su corbata, zapatos relucientes... ¡Y ahora ves cada espantajo por la calle! ¡Ja, ja, ja!


T.- La estética era muy importante.


L.- ¡Importantísima! Y se repetía mucho un refrán: “Buen porte y finos modales abren puertas principales”. Cualquier persona mayor te repetía eso inmediatamente. Y el respeto también, vivir sin hacerle daño a nadie, eso era una cosa muy valiosa.


T.- Desde aquí recomendamos la lectura de estos dos libros que deberían figurar en todas las estanterías canarias por su magnífica escritura. Gracias, un placer, Lola.

 
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BREVE BIOGRAFÍA (extraída de su libro Medium)
 
Mª DOLORES DE LA FE (Las Palmas, 1921) es una escritora avezada a practicar una variedad de modalidades literarias, entre las que sobresalen la viñeta de tonalidad lírica, la estampa de costumbres, la columna y la crónica periodísticas y, con mayor dedicación vocacional, el texto narrativo que si en lo formal incide en los géneros clásicos, en cuanto a la sustancia temática por lo general sitúa al lector en un sugestivo mundo fantasmagórico que es obra de una imaginación estimulada por la sensibilidad, la inventiva y los precipitados de un rico trasfondo de lecturas.

Desde niña, su pasión por la lectura la llevó por los sutiles caminos de la escritura. Como alumna de Bachillerato del Instituto de Segunda Enseñanza Pérez Galdós, en 1932 colaboró en la redacción de una revista con su amiga Carmen Laforet. Su adolescencia y juventud fue muy feliz gracias a su amor por la literatura. Sin embargo, el reconocimiento de su obra Tiempo en sepia, Premio Ángel Guerra de Novela de la Villa de Teguise, fue el comienzo de la vasta actividad literaria y periodística que ha marcado toda su vida. Una serie de títulos avalan su trabajo como tenaz investigadora, traductora, ensayista y cronista del tiempo que le ha tocado vivir: Ignacia de Lara (Esbozo de una personalidad en la lejanía), La Saga de los Miller, Víctor Doreste (Biografía), Happening para Jacob, El Mirador, Las Palmas casi ayer y Médium. En sus escritos, salvo en los de plena intención poética, nunca falta el humor, si bien en dosis adecuada a cada caso particular. Un humor amable y jovial, sin caídas del lado de las lobregueces o de la sátira cruda. Un humor que divierte y mueve a concordia con la vida, y que, al menos mientras se disfruta, ahuyenta los celajes que puedan cernerse sobre el ánimo.