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jueves, 19 de abril de 2012

POESÍA









الشجرة







أتعلم معك

أن الإحساس شجرة

عروقها متجذرة.



مزهرة..

كل أغصانها،

تنمو الرغبة ببهائها،

حين تجهر الطبيعة بقوانينها،

الآمرة..

الموت اختناقا.



خلا غصنين تمردا

منحا لبعضهما اليدا

نطا.. من جذع الشجرة.

إلى الأعلى فرا،

يمينا ، يسارا

(اركض، تمهل، أنت مبحوث.. عنك)...

في كل الجهات انتشرا،

صعودا صعودا (أهرب أنت؟)...

بحثا عن نور شمس بيضاء

وسط ظلمة ظلماء.

بنزق الشباب ينتفضان

مع كل خطو يكبر الحماس،

لعناق الزرقة رغم الريح...ينجدان الأنفاس

كسبا للبقاء.



لكن أصابعهما

لن تعاود التماس،

لن يتبادلا سحر الغواية،

وطريقاهما لن يلتقيا أكثر،

لن يتجرعا شآبيب المطر،

ليهويا من عل نحو القعر،

ويؤوبا ذات يوم

فيكنسا الغبار عن مزق

سماء وأرواح مسكونه.



ليلى الشافعي



 

*

 

El árbol


 


Contigo he aprendido



que el afecto es un árbol



de profundas raíces.



Ya brotan juntas



sus ramas,



ya crece la envidia en su brillo,



cuando se promulga



la ley del orden natural:



la muerte por asfixia.







Dos de ellas se dan la mano y



brincan del tronco.



Escapan hacia lo alto,



derecha, izquierda



(corre, espera,



te buscan) …



Se extienden por todas partes,



trepan y trepan (huye tú) ...



buscan la luz de un sol blanco



en medio de la madre oscuridad.



Avanzan cada vez más celosas,



jóvenes se agitan,



contra el viento encuentran el azul… salvan



su respiración,



sobreviven.







Pero sus dedos



no volverán a tocarse,



ya no podrán hechizar,



hacer coincidir más sus caminos,



beberse los aguaceros, las mismas lloviznas.



Caerán, una y otra vez,



para volver un día



barriendo el polvo a jirones,



de cielo y alma poseídas.


 

***




“El árbol”, poema de Teresa Iturriaga Osa.

 
Traducción del poema al árabe de Leila Chafai







viernes, 19 de agosto de 2011

Ruido de arena

POEMA



Fotografía de Tino Armas



Para que no se me cayeran los anillos
-tenía los dedos tan finos de esperar-
me fui a buscar
entre lo que la flor y nata llama
la basura
y encontré más de tres tesoros,
muchos más.
El primero me dio en la frente y borró
los archivos de las meninges
que estresaban el corazón de la bondad, luego,
un puñado de inquietudes siguió la estela
de los buenos augurios, dos esquinas al sur,
torciendo la espalda,
cuesta arriba,
alquilé una habitación con vistas
sobre el barranco del olvido
y lancé por mi ventana unos cristales feng shui,
quería alumbrar las chabolas,
la parálisis
cromática de mi universo natural.



Dos niños. Dos.
No sé cómo llegaron hasta mí
los rostros, pellizcaron el tedio,
activaron con su risa los registros akáshicos,
el bermellón
de mi aura vibró con
las notas musicales
del cante gitano,
ojos verdes montados
en una jaca andaluza, una guitarra
trajo vértigo a las tablas,
piedra y lumbre, viento y agua,
ruido de arena, puro cinabrio,
todo vivía allí
desde hacía siglos…
y yo sin enterarme
del renacer bajo las cuevas
fui alcanzando mi meta
sin venganza,
sin guarnición de hojas, a pelo.


TERESA ITURRIAGA OSA