domingo, 9 de agosto de 2015

 
Conversaciones con la hija de Alonso Quesada
 
Entrevista
 
por Teresa Iturriaga Osa
 
 
 


        Ahora que se nos van los poetas es tiempo de recuperar no sólo lo que nos dejaron como legado literario, sino también de conocerlos a través de sus afectos cotidianos. No es fácil tener todos los días sentada frente a ti a la hija de uno de los grandes poetas y prosistas de esta tierra canaria: Amalia Romero Suárez, hija de Alonso Quesada. Su padre, el tejedor de “El lino de los sueños”, deshizo definitivamente sus madejas de poesía al enamorarse de su madre, Rita Suárez Morales, cuando al fin  encontró su “perla negra”.

T.-¿Es verdad que su madre y su padre se conocieron al ensayar una obra de teatro?

A.-Sí, en “Llanura”. Ella tenía más o menos dieciséis años. Él la vio y dijo: “Con esa me caso yo”. Saulo (refiriéndose a Saulo Torón) le dijo: “Chacho, tú estás loco, pero si es una niña chica...”. Ella tenía dieciocho, y él treinta y tres, y con ese sueldo misterioso que tenían, se casaron.

T.-Eso fue un flechazo ¿no?

A.-Por lo visto. En esos tiempos no sé cómo se llamaría...

T.-Su madre, Rita Suárez, vivía en una casa a orillas de la playa de Las Canteras. Parece ser que sus padres en este paisaje se amaron con gestos y palabras. ¿Cree que el mar favoreció ese noviazgo? ¿Qué magia hay en esta playa donde se juntan la vida y los sueños?

A.-Que es la playa más linda del mundo, porque, mira, no me puedo quejar de todo lo que he visto y viajado, pero no hay cosa más bonita que esta playa de Las Canteras.

T.-Entonces, estará usted de acuerdo en que embellecer esta playa es algo que cualquier poeta de hoy seguiría reivindicando, no sólo como una viñeta de propaganda turística, sino como un compromiso con la belleza. Me explico, como una forma de ver el mundo en proceso de creación, con mayúsculas. Y eso atraería a un turismo de calidad con otro ímpetu cultural...

A.-Yo creo que le daría un patatús. Él siempre estaba queriendo que la isla progresara. La gente dice que todo lo veía negro, pero otros que lo conocieron bien, dicen que era un hombre divertido.

T.-Fuera de la leyenda y del mito que suele crearse en torno a la vida de los poetas, ¿puede decirnos, desde su experiencia de niña, qué imágenes y sensaciones conserva de ese padre que murió cuando usted sólo tenía dos años y medio?

A.-Pues mira, si quieres que te diga que me acuerdo del día de la muerte, del entierro... Yo siempre tenía esa visión: todo señores con un sombrero en una esquina. Todo lo veo como ramalazos. De niña, pasaba el tiempo y aquello lo seguía viendo, hasta que un día, hacia los doce años, pregunté a mi madre y ella me lo contó. Pero tengo una pena tremenda de dos cosas: no tengo ninguna foto con él ni me escribió un solo verso -dice riéndose a carcajadas-, el malcriado...

T.-A pesar de las dificultades económicas y el agotamiento físico y moral al que le sometía su trabajo, su padre siempre permaneció fiel a la pasión literaria. Su padre abarcó todos los géneros: poesía, teatro, prosa de ficción, artículos periodísticos... ¿Cree que se le ha valorado lo suficiente ese esfuerzo por el arte universal que hizo desde Canarias?

A.-Bueno, tardaron años y siglos en hacer “Las obras completas”, pero yo te voy a ser sincera: yo creo que sí. Aquí, todos los años del mundo se hacen cosas de él, porque en los colegios y en los institutos, a los chiquillos les encantan las cosas de mi padre, se chiflan con sus obras de teatro.

T.-Su hija Rita es socia y colaboradora de la Asociación de amigos de La Peña la Vieja y la Barra del Centro, ¿Podría sugerirnos alguna actividad para la playa o para la ciudad que pudiera cumplir con la voluntad de su abuelo?

A.-La gente dice que se aburre ¡ con todo lo que hay que hacer, que leer, que pasear ! La amistad, eso me lo dejó de herencia mi padre. Si yo soy amiga, soy amiga de verdad y para siempre.


 VUELVE A VER A SU AMIGO EL MAR


Hermano mar, he vuelto... ¡Tantos días
de soledad en el hogar enfermo!
¡Qué lentitud la de las horas! Este
reloj del comedor ¡tan viejo! Apenas
andaba, y luego el vaso del remedio
sobre la mesa sin vaciarse nunca...
Y ante nosotros el ropero obscuro,
donde guardamos nuestra pobre veste,
era, a la media noche, como un trasgo
que aguardaba un instante decisivo...

¿Cómo estará mi mar?... Y tus rumores
llegaron a mi lecho suplicantes,
y el infinito de tu azul sonoro
tenaz me reclamó... ¡Mas no podía,
que el corazón andaba por senderos
remotos, en un viaje aventurado,
y tuve miedo, hermano mar, de hallarme
cerca de la llanura subterránea!...

Mas hoy ya torno sin las fuerzas viejas,
único amigo, a confortar mi alma:
tú sabes que yo soy un pobre niño
de muy poca salud, y es necesario
que me prestes la ayuda de tus vientos
para llenar mi corazón vacío...

Hermano mar: tú cuidarás mi vida,
tú me devolverás la salud buena
y pondrás en mis ojos la luz fuerte
para los horizontes y los llanos...
Tú me darás del sol las fuentes rojas
en estas horas matinales, cuando
el viejo padre nos ofrece todo...
Y yo tendré la sangre primitiva...


(Alonso Quesada, Obra completa, Tomo I. Poesía)


Entrevista publicada en el nº 4 del boletín Reboso, primer trimestre año 2002 y hoy reeditada para su difusión en red.

(Foto cedida por Rita Llabrés Romero con su madre, Amalia Romero Suárez, frente a La Peña la Vieja.)
 
 
 

martes, 4 de agosto de 2015


La Senda del Amaranto
 Teresa Iturriaga Osa


 
 
 










Foto/María Del Río




        Esa vieja nobleza de la aflicción

escupe, sangra sin remedio
 
su acertijo de heridas.

        Una vez tras otra

paga la deuda y se venga del tiempo

        en una copa de láudano.

 

        Tropieza con pies de plomo

el desaliento.

        Cae y se levanta.

        Cae.

        Cae.

                  Cae.

 

        Pero el perfume del amaranto,

flor entre cuerpo de ave y suspiro,

hace milagros para que el cielo sea azul, ¡azul! 

         -y no morado ni rojo ni escaso-,

al agitar sus alas con gracia

         antes de morir.

 

 
 
 
 
Teresa Iturriaga Osa

Doctora en Traducción e Interpretación por la ULPGC (Canarias, España). Trabaja en periodismo cultural, sociología, radio, poesía, ensayo, relato, traducción. Libros: Mi Playa de las Canteras, Juego astral, Yedra en vuelo, Revuelto de isleñas, Desvelos, Sobre el andén. Gata en tránsito, Campos Elíseos, En la ciudad sin puertas y DeLirium. Se incluye en las antologías: Orillas Ajenas, Hilvanes, Fricciones, Que suenen las olas, Ecos II, Doble o nada, Espirales Poéticas, Madrid en los Poetas Canarios, París, Mujeres en la Historia I-II-III y Casa de fieras.
 

 

domingo, 19 de julio de 2015


<<Inconfundible>>
 
 Teresa Iturriaga Osa








        Amanece en ámbar espiral,
las pasiones duermen,
        cae la ausencia, moja los rostros
con su lluvia de abrazos.
        La ciudad de las gaviotas
saluda la ternura,
tiembla una voz sin ardor,
        desposada del agua.


        Al filo del milagro,
se desvanece la bruma,
claveles, rosas, jazmines, brotan a través.
        Las nubes escriben la lealtad
cuando eres el desierto.
        Y solo tú y yo sabemos
lo que vale un claro de luna
        al besarnos en azul.
 
 
 



 

Fotos / María Del Río


martes, 14 de julio de 2015



VIA NERICI
 
(selección de poemas) 


Teresa Iturriaga Osa



I

Azul, noche.


Dijiste que las mariposas estaban lejos.
Ahí las tienes, míralas.

No, yo no estoy loca...
… ya se acercan -escucha-.
En enjambres me rodean la cintura,
mecen aguas,
liban ese tronco caminar del olvido
que tú conoces,
y me abrigan, sí, me abrigan las raíces
con su manto de seda...

¿Cómo decirte...?
Es noche y es azul.




II

Bello linaje


Entre tu alma y la mía un niño dibuja un octógono,
una torre muy alta de silencio rompe aguas
al mirarnos las manos,
las líneas precipitan su hueco en desorden de lluvias, un púrpura de noche
va subiendo su nuca a la estrella con manto mullido, seda
que todo lo ve
que todo lo perdona
que todo lo siente.


Alientas cada paso en firme, bella geometría del ocho,
nos digieres enteros en lo humano y lo divino,
cobijas al ser anfibio que torpemente inventamos.
Ángeles o demonios, no repudias la descendencia de la duda,
a tu linaje le construyes una mansión con vista al mar,
en el horizonte levantas tus mejores grúas de acero
y con sol braseas el suelo frío de la estructura majestuosa
que palpamos verso a verso, amor.


Y es lo que pasa
cuando aún se tienen brazos y piernas
para tenerte, no importa a oscuras,
presente, con coraje y en serio.


 
III

Por una arena negra

(Recordando a Góngora...)



Hay una profundidad que se desliza bajo el silencio.
Dormita en la certeza del roce de una línea,
raspa la suave quiromancia de tu mano en la mía.

Escucho la tinta azul de las noches, ellas
pliegan sus mantas, enmudecen,
van subiendo el pulso a nuestro encuentro.
Vuelves a mí en cada palabra,
en cada color de allende
me despiertas el recuerdo, ese olor,
cedro del Líbano,
el cuello de tu camisa
abre el río, espacio sinuoso de las cartas sin remite
ahogadas en mi buzón de voz
como caricias de guayedra.

Miro y es arena, arena negra, solo eso.
Mis venas han subido a rastras tantas veces
los aneurismas de este palomar, marfil vacío...


 

IV

Pozo de paciencia


Cuando me empeño en buscarte, ternura,
tú apareces vestida de cuero,
látigo en mano.
Te he defraudado mucho -me dices.
Nunca, Vida, nunca me he defraudado -te grito yo.

Y me quedo sola.
Sola como se enfrentan las derrotas.
Sola como se sube a las montañas.
A rastras, a cuatro patas, trepo tu rosa
sin más fuerzas que las manos.
Tú quédate ahí abajo.
En el pozo del recuerdo y la paciencia
[más grande que el don de profecía,
¿y para qué el don de lenguas?].
No hay espacio para dos en el palacio de la desesperación.
Un escalón delgado me cobija.
Y esa tortura de espinas no la quiero para ti.

Es mi hora de llorar.
Frente al espejo se desnudan mis ojos magenta
buscando una vida posible, poeta
con aliento completo, enamorado
de mi sangre de defectos.
 



V

Un corsé y dos amores


Le he hablado por señas,
con la lengua de signos
a esa mujer que tanto quieres.
Me he quedado mirándola fijamente
a través de su iris izquierdo
he entrado en ti sin nombrarte
y te he saludado en los labios del alma
con un beso.
Reluces tanto en ella
que hasta los lunares
-percepción de tus diabluras- de mi corsé negro
han brincado sus queremas de emoción
al oler tu perfume salitrero.

Ustedes forman un arco de flores péndulo
que me acarician el cabello recogido,
sacuden mis doce muertes de clavel
colocadas en el moño con orgullo,
la mímica del dolor,
esa sordera del frío,
sacuden los iconos oscuros de mi ayer...
y ya me arreglo, ya vuelo de risa
para la fiesta de esta noche,
cuando le leas el cuento,
cuando la dejes dormida
y vengas otra vez sobre tus pasos
al tálamo de orgasmos de mi vida.
 



VI

Origen

Tú me conoces.
Me pasaría toda la tarde
escribiéndote besos entre pecho y espalda.

Pero primero has de acariciarme el pelo,
bordearme las costas,
las del Mediterráneo, las del Cantábrico
y las más atlánticas...
regresar al origen
consciente de su forma y su porqué.
A ver si logras meterte por el ojo de la sima
sin darte de bruces con la anilla
a unos cinco mil metros de profundidad.

Tú me conoces.
Si no saco fuera lo que llevo aquí dentro
no puedo amarte como sé.


VII

Jarea al sol


Éste es el paisaje.
Se muestra por sí solo en su espera.
Dame tus manos de ciego y toca.
Toca mi voz.

Palpa donde sigue estirándose el sol,
abierta y salada la jarea.

Una cortina de humo es testigo del soplo.
La tarde oficia lentamente las bodas
entre un tajinaste y un verol.

Un barco va rozando las axilas del caracol y
esconde su proa en un lunar.

Las horas pasan, la muerte disminuye.
Queda la inscripción délfica, una advertencia.
Una piscina sin agua.
¿Alguien se ha perdido en este amor?
 



VIII

Y nada más


Qué estrecho y qué angosto es este túnel,
fondea el éter, siete ojos llegando a mi bahía.

Qué estrecho tu Gólgota, profeta,
tan estrecho como el mar de Genesaret
que separa nuestras tierras,
un cauce de siglos remonta el curso del Jordán
hacia su fuente, gentes
de continentes enteros, vidas dispersas, ciegos
en lanas de tumulto, fresco, dulce resplandor
a veces nido de abisales seres que nos duermen,
la hipnosis de saberte y no tenerte.
Qué oculto el sueño... me padece,
ya tiembla el desengaño, sepulcro vacío
y nada más,
la anemia insoportable que no quiero.

Tu bruma envuelve en tapices mi coraza,
contigo viajo al hondón del alma sin ademanes de señora,
sin palabras ni letras
me bebo un
Via Crucis de casi abril
-el carnaval tarda sus fechas-,
hablo y paro el reloj del tiempo.
Hago lo que toca hacer.
Subo vidas sucesivas bajo minutos de espera,
siento que están hirviendo mis grilletes
de condenada a muerte por el qué dirán,
ancianos, príncipes de los sacerdotes y escribas...
cuando mejor reluce esta diadema, mi fiel manto de Verónica,
¿eso se entiende?


Qué estrecho -te repito- y qué angosto es este túnel,
busco el neuma de entrada por la puerta de salida.



 
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Publicado en Aurora Boreal

la revista para los amantes del español en Dinamarca


http://www.auroraboreal.net/literatura/poesia/2086-via-nerici







domingo, 14 de junio de 2015


Taller de Danza Moderna en Hamburgo

Desde 16 hasta 22 agosto, 2015
 
 





Ana Mendiola: Danza de fuerza y espíritu


 
 
 

Influida por la fuerza de la danza cubana, Ana Mendiola se ha convertido en la maestra que sintetiza en sus clases una gran mezcla de estilos, convertidos en esa manera particular de sentir el cuerpo a la que ella ha denominado Danzo para ti.



La propuesta es la puesta en valor de su experiencia como bailarina y maestra a lo largo de 33 años. Sus clases abarcan los cuatro elementos simbólicos: tierra, agua, fuego y aire. Con ello, Mendiola ha sabido recorrer los caminos de la danza acompañada de recursos excitantes, pero sin recurrir al manido virtuosismo.



Esta experimentada artista tiene como elemento principal de su docencia, el aporte que le proporcionó nutrirse con el cubano Arnaldo Patterson, pieza vital para el desarrollo de la danza contemporánea en la Isla caribeña, uno de los países donde más se ha desplegado el arte del movimiento.





Conocer a Patterson, quien luego se convirtió en su compañero en la vida, le proporcionó a Ana Mendiola descubrir el mundo onírico que tenían los movimientos. Trabajando con el maestro cubano se dio cuenta que la cultura africana está conectada con la naturaleza viva, los animales, las flores y la belleza que habita en la tierra.



De esta forma surge su estilo, que es inconfundible, tomado de muchas tendencias y culturas. Esta experiencia acumulada se plasma en cada una de sus clases. Con este taller, el alumno se forma dentro de la integración cuerpo, mente y espíritu. También tomarán conciencia no solo de la técnica, sino de la relación que tiene ella con el mundo. Es una apertura hacia lo diferente, hacia la flexibilidad que genera el pensamiento, concentrado en esta propuesta que tiene como eje central, lo que Ana Mendiola atinadamente ha llamado Danzo para ti. Mercedes Borges (Cuba)



jueves, 11 de junio de 2015

 
 
DOLORES DE LA FE (in memoriam)
 
 
 
 
 
 
 
 
        Recuerdo todos los días a Lola De la Fe, pero hoy especialmente, porque se cumple el tercer aniversario de su muerte.

        Y quiero comenzar mi pequeño homenaje a esta gran escritora canaria con sus propias palabras, recogidas en el prólogo del libro que escribió para rescatar del olvido a la poetisa Ignacia de Lara, a quien tanto admiraba:
 
<<Me resulta misteriosamente curioso observar cómo una persona que en su vida y en su obra pareció siempre anticiparse (al dolor, al desencanto, incluso a su propia muerte), pudiera estar también íntimamente convencida de que la esperaba, pronto, un destino de olvido. Como si al dejar escrito su admirable Soneto póstumo, hubiera hecho desaparecer la llave de su futuro, en el conocimiento de las generaciones que seguirían sucediéndose en su mismo ambiente isleño. Tal vez lo presentía, temerosa al propio tiempo de su certidumbre, lo mismo que presintió tantas y tantas cosas... Las agudísimas antenas de su hipersensibilidad pudieron convertirla en agorera de su futuro. Esta pobre mujer desconocida es un verso suyo. Por un momento, realmente -un momento largo, si se quiere- pareció que iba a cumplirse fatalmente su premonición: “Para cuando me vaya hacia el olvido / ¡sin nombre y sin historia!” porque, tras unas apresuradas aunque sinceramente doloridas reseñas, en los días que siguieron a su muerte y funerales, cayó un injusto silencio sobre su recuerdo, al menos a los ojos, a nivel de lector.>>
 
        Con esa emoción que me aprieta el alma como nudo en la garganta, no me queda más remedio que hacer un silencio para sentir y reivindicar su presencia hoy y siempre. Porque este sentimiento de Lola hacia el olvido que sufrió Ignacia de Lara no quiero que se repita con ella. Es más, ni quiero ni puedo ni voy a permitirlo.
 
         Conocí a Lola en el transcurso de una investigación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria sobre patrimonio intangible -dirigida por la profesora Margaret Hart dentro del marco de un proyecto de la UE- y, desde mi primera cita en su casa para entrevistarla sobre sus recuerdos de la ciudad antigua, sentí por ella un profundo respeto y cariño que, con el paso de los años, fue creciendo en admiración y complicidad. Estudié todas sus obras: "Tiempo en sepia" (Premio Ángel Guerra de Novela de la Villa de Teguise), "Ignacia de Lara", "La Saga de los Miller", "Víctor Doreste" (Biografía), "Happening para Jacob", "El Mirador", "Las Palmas casi ayer"... ("Médium" fue posterior). Y lo que en un principio comenzó como un trabajo de investigación académica fue convirtiéndose en un aprecio y colaboración humana y literaria sin precedentes en mi vida. Yo había encontrado una auténtica madre canaria, de esas mujeres que te acogen en su casa con la hospitalidad de las matriarcas de las tribus del desierto, allí donde la confianza se instala en una jaima y los huéspedes pasan la tarde charlando, riendo y bebiendo té.
 
         Un año antes de su muerte, iba semanalmente a su casa, teníamos entre manos otro libro a medias, "En la ciudad sin puertas", un libro de relatos sobre la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad de la luz donde una y otra hemos vivido desde paisajes distintos, pero comunes. Fue su última ilusión literaria, una época en la que escribió unos cuentos modernos a más no poder, con un estilo desenfadado y fluido totalmente nuevo. Sus últimas líneas -escritas a mano- se concentraron en desarrollar una breve historia que ella dudaba en titular “La azafata” o “Por enésima vez”. Yo, en mi humilde opinión, un día le contesté: “Lola, si pones la azafata, ya lo estás diciendo todo, le quitas misterio al relato... es como el chiste del acomodador que, cuando entran los novios en el cine y no le dan propina, le da tanta rabia que les dice que el asesino es el sheriff”. Así que el relato se quedó con el título más enigmático, es decir: ”Por enésima vez”.
 
         Les contaría muchas cosas que sucedieron en nuestras largas charlas con el café que ella me tenía preparado con su tacita, azúcar y cuchara... bajo la máquina maravillosa que le habían regalado, esas de pastillas que George Clooney anuncia en un spot publicitario. Y cómo no, el cenicero... le encantaba el olor de mi cigarrillo como experta fumadora que había sido durante tantísimos años. En fin, no puedo expresar mi agradecimiento a una mujer que ha sido para mí maestra, amiga y madre en todos los sentidos. Su capacidad de sobreponerse a la adversidad era inigualable, su ternura y a la vez su chispa de genialidad y risa, una ironía al más puro estilo canario, sus dichos... ese déjame entrar... en fin, no creo que haya otra persona como ella, porque su fina inteligencia con un sentido del humor sobresaliente es un ejemplo para la vida de todos los que la conocimos. Su familia sabe que es bien cierto lo que digo.
 
         Siempre me decía: “por encima de todo, nunca seas dramática”. Ella sabía que las lágrimas ahogan el avance del buen criterio, y con un zapatazo de ironía, soltaba una carcajada ante el silencio solemne de los justos, dándose la media vuelta en el giro de una pirueta. Ésa era Lola, Lola De la Fe, qué más puedo decirles que ustedes no sepan...
 
        Ahí queda "Revuelto de isleñas", una colección en torno al tema de la escritura y la cocina que publicamos juntas en 2010, editado por Mapfre Guanarteme con bellas ilustraciones de Sira Ascanio... Y muy pronto verá la luz esa ciudad sin puertas que sobrevolábamos juntas desde su ventana. Nacerá la ilusión de un nuevo libro donde caben todos los abrazos, los colores y los días de los hombres y mujeres que transitan nuestra tierra.
 
        Muchas gracias y un beso donde quiera que estés, Lola, "Por enésima vez".
 

Teresa Iturriaga Osa
 
Las Palmas de Gran Canaria, 11 de junio de 2015.

 



(Foto dedicatoria / archivo fot. T. Iturriaga)
 
 


viernes, 5 de junio de 2015

 
LA ESENCIA DEL VIAJE EN EL PERIODISMO
 
DE ANA PUÉRTOLAS
 
 


 
Por Teresa Iturriaga Osa

 
A primera vista, un reportaje de viajes de Ana Puértolas, en cualquier revista, puede parecer un texto de encargo al más puro estilo de una guía turística, pero en cuanto nos dejamos llevar por su escritura, comprobamos que su idiolecto se escapa de los cánones publicitarios. Pionera del periodismo de viajes en España, Puértolas siempre ha buscado la profundidad del alma de las gentes y de los lugares para plasmarla en una escritura de tipo introspectivo, alejada de la retórica. Así lo ha manifestado en innumerables ocasiones al referirse al turismo masivo y superficial que puebla los destinos más ofertados:

 
No es cierto que todas las ruinas, restos y poblaciones estén en el lugar esperado, ni mucho menos que se rindan a la mirada del viajero. Tengo yo un amigo, gran amante de los viajes, que tiene la extraña obsesión, por otro lado bastante común según he podido observar, de querer comprobar con sus propios ojos no ya las visiones soñadas, sino justo la imagen que proporcionan fotos de guías y postales locales. Nada más llegar a una nueva población del recorrido, se abalanza como un poseso a los expositores de cualquier kiosko a la busca de las postales más sugerentes. Una vez están en su poder, intenta localizar su situación en mapas, planos y guías. La última fase es la comprobación y comparación entre la realidad y la reproducción fotográfica. Frustración sobre frustración.

 
Este deseo de autenticidad ha movido a la escritora en todas sus aventuras periodísticas, procurándole un estilo espontáneo y desenfadado, pero, a la vez, documentado, siempre fiel a una vocación pedagógica que persigue la formación crítica del aprendiz de viajero. El lector va de su mano hacia un resurgir del pensamiento reflexivo, removiendo los cimientos de su tranquilo acontecer diario, probablemente encerrado en sus fronteras físicas y psíquicas. Asimismo, Puértolas fue una de las primeras mujeres españolas que defendió el derecho de la mujer a viajar sola por el mundo. Este especial interés por el papel de la mujer se aprecia en sus primeros consejos periodísticos para viajar por otros países, cuando literalmente empujaba a las mujeres españolas a traspasar las fronteras, sin olvidar que “la viajera que entra en este contexto, debe ser consciente en todo momento de que protagoniza un hecho inususal, en colisión con la moral y los usos tradicionales de sus anfitriones”. Su propia experiencia de la vida le ha ido enseñando el valor de la prudencia, porque los cambios se producen paulatinamente, pero a diferente ritmo, según lo establezcan las culturas. Por ello, en sus viajes por el mundo, ha adoptado un talante conciliador y sereno, como se refleja en su artículo “Viajar solas por tierras de hombres”, donde nos confirma su pasión por el viaje, pero con una nueva sabiduría de “la transparencia” que explica de la forma siguiente:

 
Conseguir la invisibilidad: éste es el gran objetivo de toda mujer viajera solitaria. Y que no piense nadie que ésta es una conclusión tomada a la ligera ni fruto de una experiencia aislada. Por el contrario, se trata de una deducción hecha de razones, impuesta por la tozudez de unos hechos insistentes y repetidos que no he tenido más remedio que tragarme y aceptar. Y una realidad que marca con crueldad la diferencia de sexos.

 
En todo momento, con sus sueños de igualdad, y con su sencillez extrema, Puértolas incita a la reflexión, aunque su nombre no aparezca en los acontecimientos culturales más relevantes de los círculos políticos y literarios. Sutil en sus textos, su voz es un desafío a los convencionalismos imperantes y nos lleva siempre de la mano hacia un análisis social que investiga la esencia, el origen, el desarrollo y las consecuencias de los hechos que se exponen. Porque esta mujer luchadora, defensora de la libertad, se adentra en los circuitos olvidados del silencio, allí donde se aventuran los viajeros, más que los turistas apresurados. Esa rebeldía por escaparse hacia los espacios desconocidos y abandonar los caminos trillados del sistema occidental le ha acompañado siempre en su escritura.

 
Puértolas no concibe el viaje como una colección de itinerarios e imágenes fotográficas al más tradicional gusto turístico. En la línea del periodismo de viajes, este rasgo didáctico-apelativo característico del género, nos confirma una vez más el interés antropológico que la mueve en su descripción de la realidad. En efecto, sus reportajes de viajes no invitan tanto a emprender un viaje por escenarios de batallas y leyendas épicas, sino más bien a fijarse en los pequeños detalles del camino, a veces salpicado de ermitas y de motivos iconográficos que escapan a la mirada del viajero disperso. De ahí que, a modo de eslabones de una cadena, Puértolas se detenga en los referentes más olvidados del paisaje y, de manera minuciosa, sensibilice a sus lectores ante la realidad del silencio, como parte fundamental del diálogo humano.

 
La ermita abandonada, el silencio del paraje apartado del mundanal ruido, nos hace preguntarnos si no son ésas las señas de identidad de un peregrino que se busca a sí mismo por los caminos. Fuera del dictado de los iconos culturales que marcan las directrices del pensamiento colectivo de una época, Puértolas indica al viajero un camino de reencuentro consigo mismo. En definitiva, la búsqueda del silencio no es más que una alegoría de la libertad individual, es un canto al ser humano libre de las cadenas exteriores, como un retorno a su esencia más íntima y, a la vez, es una denuncia contra el consumo voraz de monumentos y grandezas que hoy se ofrece al turismo actual.


 
(Foto de Ana Puértolas extraída del blog "La línea del horizonte")