martes, 18 de octubre de 2016


 
EL TREN DELANTERO
Novela de Emilio González Déniz
 
 


          Siempre recordaré las palabras de Emilio González Déniz al explicarme su consideración sobre la mujer. “Yo me levanto cuando aparece una dama -me dijo una tarde-, es una antigua costumbre campesina muy rigurosa y ese protocolo, de ninguna manera, se puede saltar”. En efecto, la forma que tiene EGD de tratar la figura femenina como algo superior se traslada también a su escritura al descubrirse ante la vida que nos llega en letras de misterio, ese milagro que genera la mujer, energía y canal de creación en cualquiera de sus vertientes. “Ante una máquina casi divina, lo único que puedes hacer es mostrarle tu respeto. La mujer es sagrada”. Sabias palabras de un hombre que siempre ha defendido a capa y espada el respeto a todo ser viviente.


          Y he querido comenzar esta reseña precisamente con esa definición magnífica porque en El tren delantero, el autor aborda la sensualidad desenfrenada de su personaje femenino Vesta Laserre desde una mirada inquieta, apasionada, voraz, pero en muchos momentos, incluso tierna y amable. A través de sus diálogos con el inspector de policía Ernesto Cruz -aderezados por los relatos de Madame Palourde, de quien Vesta es traductora-, el escritor va construyendo la novela como un juego de seducción entre los personajes principales. Ese trasiego de dudas, atracción y desconfianza con el que van conociéndose en la investigación del crimen de su marido, Arturo Zabalza, les llevará a una deriva fatal entre el amor y la muerte, sensación que arrastra a su lectura adictiva hacia el desenlace final.


          Hay redes y redes. Unas son de malla estrecha, tan cerrada como la negrura de un abismo y es difícil salir de ellas, sin embargo, los personajes femeninos de El tren delantero -rostros múltiples de Vesta Laserre que van apareciendo en los relatos de Madame Palourde- se nutren de fuerza y decisión. EGD no duda en exponerla libre de culpa y sin juicio moral. Es su forma de levantarse y hacer ademán de quitarse el sombrero ante una mujer que llega y maneja su vida como pez en el agua. En contraposición, asistimos al espectáculo de muchos hombres que giran a su alrededor encerrados en una falsa vida de mueca herida, sin saber cómo salir de la dualidad. El gran teatro del mundo. En cualquier caso, EGD no entra en barrena para no caer en el viejo cliché de la mujer fatal, peligrosa y castradora; al contrario, la presenta como una mujer espontánea, fiel a sí misma. Al escoger con total libertad a sus amantes, el escritor está valorando ese libre albedrío que, por desgracia, la sociedad solamente ha otorgado al individuo masculino durante siglos. De manera que el control sobre la sexualidad femenina se ha revelado como una forma de poder que perpetúa las diferencias entre el hombre y la mujer. Madame Palourde -es decir, la Señora Almeja, en su traducción al español- es la verdadera protagonista de esta novela en un clima existencial que fluye lejos del pesimismo y la derrota, rasgos comunes en las novelas eróticas con personajes al borde de la locura.


           En El tren delantero, el novelista muestra una prosa que interpela a esa sociedad actual que niega las inquietudes eróticas y rechaza la transgresión dentro de una vida ordenada. El lector podrá extraer sus propias conclusiones al comprobar que la mente racional y aparentemente sensata del policía esconde un deseo de perversión controlado. La representación que hace EGD del sujeto masculino denuncia de un modo subliminal esta lucha de fuerzas a las que se ve sometido el individuo en la ocultación de sus pulsiones.


           La dinámica de la novela se mueve con un ritmo cadencioso, hecho de golpes de calor, de una sexualidad indómita envuelta en el vapor de la fina ironía característica de González Déniz, nube que llueve en el texto con humor. Todo hace que flote en el aire una experiencia de contacto humano que, a medida que avanza la trama, se interpreta cada vez más compleja e inquietante. Ya el título de la novela es una metáfora que nos permite proyectar ciertas hipótesis relacionadas con la sexualidad como motor de avance.


Reseña de Teresa Iturriaga Osa
Escritora y traductora
 




Presentación de la novela EL TREN DELANTERO, de Emilio González Déniz, a cargo de la editora Guadalupe Martín Santana (ATTK Editores) y Teresa Iturriaga Osa,
en el Museo Poeta Domingo Rivero (Las Palmas de Gran Canaria).



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