martes, 19 de enero de 2021

 

LA GALLINA DE GUINEA 

QUE SE CONVIRTIÓ EN HIJO


[Cuento africano traducido por Teresa Iturriaga Osa, del libro de cuentos africanos The Girl Who Married A Lion, de Alexander McCall Smith, Canongate Books, Ltd, Edinburgh, 2004, pp. 1-4.]



Lo que se esperaba de un hombre rico como Mzizi -dueño de mucho ganado- es que tuviera gran descendencia. Pero, desgraciadamente, su mujer, Pitipiti, no podía tener hijos. Ella lo estuvo consultando con varias personas, sin embargo, aunque se gastaba el dinero en cuidados y medicinas para quedarse embarazada, seguía siendo estéril.

Pitipiti amaba a su marido y le daba mucha tristeza ver que su cariño hacia ella se iba desvaneciendo mientras él esperaba el nacimiento de un hijo. Finalmente, cuando ya estaba claro que Pitipiti no podía concebir hijos, su marido se unió a otra mujer más joven y se fue a vivir al gran kraal[1] con ella, mientras Pitipiti oía las carcajadas que provenían de la choza de la nueva esposa. Pronto nació un niño y, después, otro.

Pitipiti fue a llevarles regalos a los niños, pero la nueva esposa la echó fuera.

"Mzizi perdió el tiempo contigo durante tantos años..." -así se burlaba de ella la nueva esposa- "y mira ahora... ya ves en qué poco tiempo le he dado hijos; no queremos tus regalos".

Ella buscaba en la mirada de su marido algún signo del amor que él solía mostrarle, pero todo lo que vio en él fue el orgullo que sentía de ser padre. Era como si ella ya no existiera para él. A Pitipiti se le heló el corazón, dio media vuelta y se dirigió a su solitaria choza, allí se echó a llorar. Ahora, eso era lo que le quedaba en la vida. Su marido no tendría a bien que ella se fuera lejos con sus hermanos, así que tendría que arreglárselas sin vivir a costa de nadie. Pitipiti se preguntaba si sería capaz de soportar tanta soledad.

Algunos meses más tarde, Pitipiti estaba arando sus campos cuando escuchó un ruido, era como un cacareo que provenía de unos matorrales cercanos. Detuvo a sus bueyes y se arrastró sigilosamente por la maleza, echando un vistazo por dentro. Allí, escondida en la oscuridad, había una gallina de Guinea. El ave la vio y se puso a cacarear otra vez.

"Estoy muy solo," -dijo la gallina de Guinea- "¿querrás que sea tu hijo?".

Pitipiti exclamó riendo: "¡Yo no puedo tener una gallina de Guinea como hijo! Todo el mundo se reiría de mí".

A pesar de la respuesta, la gallina de Guinea no se rindió.

"¿Me dejarás ser tu hijo sólo por las noches?", preguntó. "Por las mañanas, puedo salir de tu choza muy temprano y así nadie lo sabrá".

Pitipiti pensó en ello. En efecto, eso sí sería posible: si la gallina de Guinea estuviera fuera de la choza justo al amanecer, entonces, nadie tendría por qué saber que ella lo había adoptado. Y pensó que estaría bien eso de tener un hijo, aunque sólo fuera una gallina de Guinea.

"Muy bien", pensó, tras unos momentos de reflexión. "Puedes ser mi hijo".

La gallina de Guinea estaba encantada y, aquella noche, nada más ocultarse el sol, entró en la choza de Pitipiti. Ella le dio la bienvenida y le preparó la cena, al igual que lo haría cualquier madre con su hijo. Los dos eran muy felices.

Pero la nueva esposa de Mzizi aún seguía riéndose de Pitipiti. Algunas veces, pasaba por los campos de Pitipiti y se burlaba de ella, preguntándole por qué hacía crecer sus cosechas si, en realidad, no tenía ninguna boca que alimentar. Pitipiti no hacía caso de sus burlas, pero cada una de ellas era como una pequeña lanza afilada que le cortaba cada vez más por dentro.

Un día, desde el árbol donde estaba posada, la gallina de Guinea escuchó los insultos y cacareó furiosamente; aunque para la nueva esposa, aquellos sonidos sólo eran los sonidos de algún pájaro en un árbol.

"Madre," -le preguntó la gallina de Guinea aquella noche- "¿por qué aguantas los insultos de la otra mujer?

Pitipiti no pudo encontrarle una respuesta. A decir verdad, ella poco podía hacer ante ello, porque si se le ocurría ir tras la nueva mujer, entonces, su marido estaría muy enfadado con ella y a la vez podría echarla. No había nada que hacer.

No obstante, el ave pensaba de forma muy distinta. Él no estaba dispuesto a que insultara a su madre de esa forma, así que, al día siguiente, se levantó temprano y voló hasta el árbol más alto desde donde podían verse los campos de la nueva esposa. Allí, cuando despuntó el alba, cantó una melodía de las gallinas de Guinea:

¡Venid amigos, hay grano para comer!

¡Venid y comed todo el grano de esta mujer!

No tardó mucho tiempo la nueva esposa en darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Gritando enojada, entró corriendo en los campos y mató a la gallina de Guinea de Pitipiti y también a sus amigos. Luego, se los llevó a su choza, los desplumó y empezó a cocinarlos.

La nueva esposa llamó a Mzizi para el festín y, entre los dos, se comieron todas las gallinas de Guinea de una sentada. Fue una comida deliciosa y ambos se encontraban muy contentos consigo mismos por haber empezado el día con tan buen pie.

Tan pronto como hubieron terminado el último bocado, Mzizi y la nueva esposa escucharon un sonido: alguien cantaba dentro de sus estómagos. Eran las gallinas de Guinea cantando sus canciones de gallinas de Guinea. Aquello, por supuesto, aterrorizó a la pareja y, a todo correr, echaron mano de dos largos cuchillos que se clavaron en el vientre para detener el ruido. Al clavar los cuchillos en su piel, la sangre brillante empezó a salir a borbotones y se desplomaron. Una vez en el suelo, la gallina de Guinea y sus amigos salieron de sus heridas cacareando con júbilo al verse libres. Pronto estuvieron en el campo, comiéndose todo el grano que quedaba.

Pitipiti estaba encantada porque ya no volvería a escuchar los insultos de la nueva esposa. Ahora sería la dueña del ganado de su marido y ésa era la causa por la que muchos hombres esperaban casarse con ella. Por supuesto, todos ellos estaban encantados con la idea de poder casarse con una esposa cuyo hijo fuera tan listo y tan especial.


LA ALQUIMIA DE LO FEMENINO 

EN LA TRADICIÓN ORAL

 


Por Teresa Iturriaga Osa

Dra. en Traducción e Interpretación ULPGC


El cuento, venga de donde venga, siempre se mueve entre diferentes niveles de interpretación. El neurolingüista ruso A. R. Luria, en su obra Conciencia y lenguaje[2], decía que el nivel de lectura en cada ser humano depende del grado de apertura de las puertas de su percepción. Por tanto, el cuento nos habla de un modo personal según la dimensión de la lectura del texto en la que nos situemos, independientemente de la formación académica o la inteligencia de cada individuo. La interpretación depende de la sensibilidad, de la frecuencia de onda que captan nuestros sentidos, es decir, de nuestra "agudeza emocional".

Por consiguiente, se trata de cultivar esos sentidos externos e internos de los que vienen hablándonos desde hace siglos tanto los maestros occidentales como los orientales; ésa debe ser la clave del éxito de cualquier acto de comunicación complejo y profundo. Parece que por ahí debe de encontrarse la salida del laberinto humano. De ahí que pretender entrar en una cultura -como la africana- a través de análisis teóricos y sesudos, además de ser agotador, tiene cada vez menos probabilidades de éxito. Por el contrario, dejar que los pueblos africanos nos tarareen sus cuentos al oído puede producir en nosotros el mismo efecto que un masaje relajante con esencias y aromas desconocidos que harán caer las barreras defensivas que nos distancian. Escuchar sus historias alrededor del fuego es un buen camino de aproximación al "yo" de los "otros". Porque el significado "no lógico" del cuento nos va adentrando por territorios intuitivos donde habita la esencia del ser humano y nos permite acercarnos con sigilo al pensamiento y a los comportamientos de otras culturas que, en muchas ocasiones, desde un punto de vista racional, no llegamos a comprender.

El cuento es un instrumento muy útil para la antropología entendida en el sentido más amplio del término, es decir, como un conocimiento del hombre que intenta descubrir los resortes secretos que le mueven. Todos hemos experimentado el choque cultural que se produce entre diferentes culturas cuando iniciamos un diálogo basado en conceptos; a menudo, suele levantarse ante nosotros una malla de prejuicios que encasilla nuestras mentes dentro de un gran cuadrado de compartimentos estancos donde apenas divisamos lo que otro dibuja desde su celda correspondiente. Ahora bien, el cuento destruye esas barreras y nos deja en la arena de un patio de las culturas donde jugamos a hacer trazos que, entre todos, entendemos y adivinamos. El cuento es ese espacio lúdico donde cualquiera puede seguir las reglas de un juego universal donde no cuenta ni la edad, ni la piel, ni la religión, ni la ideología, ni la posición social, ni la riqueza, ni el género, pues es el territorio virgen de la espontaneidad y la imaginación. Allí todo el potencial del ser humano se despliega y lo más importante es dejarse llevar.

En ese sentido, el cuento africano de la gallina de Guinea puede comprenderse como fruto de una experiencia iniciática auténtica en la que se relacionan aspectos muy importantes del ser humano: lo antisocial y lo creativo. En el relato hay un simbolismo que está estrechamente ligado a la cosmogonía de lo femenino considerado como esa parte humana ingeniosa y artística que trasciende las convenciones sociales. La lectura de la exclusión de Pitipiti fuera del círculo -que representa el kraal- también puede interpretarse como el punto de partida donde el individuo comenzará a desarrollar otras fuerzas alternativas con las que hará frente al sistema pactado por la colectividad. Pero, paradójicamente, la expulsión de Pitipiti de la vida social y esa reducción de su espacio público a la choza van a producir en ella un efecto positivo porque su lejanía del discurso general, con el tiempo, le será de gran valor. En efecto, su exilio en la soledad, al igual que le sucedió a nuestro pensador Miguel de Unamuno, más que en desierto interior, se convierte en "su roca espiritual", ya que el excluido vuelve sobre su propio recuerdo de libertad. Porque nacemos libres, aunque a veces se nos olvide.

Mujeres como Pitipiti son todas aquellas que, por cualquier circunstancia de la vida, tienen que salirse del círculo social porque ya no están bien vistas. En este caso, es la hora de la marginación, de la exclusión de la tribu, ya que el mundo tradicional africano no valora a la mujer estéril que no da hijos a la colectividad. Pero este sencillo cuento, de apariencia alegórica y cuyo lenguaje se asemeja al de las fábulas, encierra una gran enseñanza: es un canto a la libertad de la mujer como ser pensante, a su gran capacidad creadora y a su fertilidad imaginativa. Ciertamente, el mensaje del cuento es revolucionario. Ante Pitipiti se abre un nuevo mundo de posibilidades que dará sentido a su existencia más allá de ser "madre" y "esposa". Y si estamos atentos al mensaje como ella, veremos que a través del cuento se están desmitificando esos valores absolutos de la cultura africana. En palabras de A. R. Luria: "Así pues, tanto en las frases con sentido figurado como en los proverbios y en las fábulas, está presente un conflicto entre el texto abierto (o sistema de significados) y el subtexto interno o sentido. Para la comprensión de todas estas construcciones es imprescindible abstraerse del sistema inmediato de significados y separar el sentido que, en forma alegórica, se expresa en el sistema de significados externos desplegados"[3].

En el cuento hay un impulso que da autoestima a la mujer inquieta y le invita a vivir por caminos no trillados hacia una alquimia o transformación interna. Pitipiti debe detener los bueyes, olvidar el camino del surco y reptar por la maleza hacia lo desconocido. Ella busca y encuentra, aunque tenga el corazón roto de dolor. En muchos cuentos hay una transformación a partir de una herida que marca a la persona, y como dice A. M. Schlüter, maestra y estudiosa de la filosofía Zen: "Esto que parece en primera instancia algo negativo, luego resulta no serlo. Ninguna herida de la vida, aunque pueda parecer lo contrario, a la larga deja de tener la posibilidad de convertirse justamente en una gran oportunidad. Los orientales dicen: la arenilla que se cuela en la ostra -lo cual es un peligroso accidente- es la que da lugar a la perla; si no se colara una arenilla, una impureza, no habría perla"[4]. Aquí, en este cuento, la mujer se enfrenta con su propia sombra, con su soledad en medio del vacío, pero aún así, ella sigue trabajando, porque cualquier evolución siempre pasa por ese seguir andando a través de las tareas más simples de la vida cotidiana sin detenerse en el abismo donde uno cree encontrarse. Es la solución que te llevará con todo tu miedo a la salida del túnel y, gracias a ese trabajo en soledad, verás la luz; es una esperanza, no es una utopía engañosa, es la verdad más grande que nos han dejado los sabios de todas las tradiciones.

Al final, lo negativo se transforma y se alumbra a una mujer nueva. Pitipiti está trabajando cuando oye una voz que no es más que su propia voz interior, escondida en la sombra y con ganas de ser escuchada. La gallina de Guinea es ella misma, es la rebeldía que vive en ella, la niña salvaje y libre que nunca deja salir a la luz, públicamente, porque no está bien visto que la mujer africana proteste en caso de repudio y abandono. Es la voz de su ser interior que le recuerda que ella también tiene derecho a vivir y a desplegar sus alas de mariposa aunque no pueda tener hijos biológicos. En este cuento, la mujer africana recobra su dignidad de reina por su gran potencial de creación en cualquier ámbito.

Este cuento establece sus vínculos con el lado femenino del quehacer humano y lo sitúa muy alto en la esfera de la cultura ancestral africana. Las interpretaciones que hayan podido hacerse de la incapacidad de la mujer a la hora de considerar su inteligencia creativa, sólo pueden entenderse desde la manipulación de todas las sociedades patriarcales en beneficio de los intereses masculinos y a su miedo al desarrollo de esa vertiente creativa femenina que, en lugar de dictar leyes rígidas y regresivas, busca relaciones humanas en libertad. El sometimiento, la jerarquía per se, la violencia, la intolerancia, no son más que reflejo de las sociedades ancladas en el miedo al cambio y, en eso, la mujer que despierta no quiere participar más. Es evidente que la mujer ha tenido que claudicar en sus reivindicaciones de libertad en muchos momentos de la historia, y bajo diferentes collares ideológicos y morales, pero hay en ella un espíritu de combate interno que le va hablando en voz baja y le susurra al oído, desde la sombra de su corazón, mostrándole un mundo fuera del jardín doméstico donde aún puede ser feliz.

Es la gallina de Guinea la que cacarea en todo momento por nuestro interior. Es su canto de gallina de Guinea el que nos dice que si dejamos salir esa melodía de nuestra choza y dejamos que salga a la luz, trascenderemos las prisiones de los conceptos establecidos; ella nos invita a realizar nuestros sueños. Siempre ha habido "mujeres que corren con los lobos"[5] -como dice la doctora psicoanalista junguiana C. P. Estes- y también "mujeres que corren y ríen con gallinas de Guinea" en todas las culturas. Mujeres con dignidad. Al fondo de la espesura, siempre nos esperará una gallina de Guinea para pedirnos que nos arriesguemos a abrazarla con fuerza y que la adoptemos como hijo. Un hijo que será legítimo y, sin duda, el predilecto de su madre, porque en esa decisión valiente ella se juega su destino.

[1] Kraal: núcleo circular de cabañas agrupadas en forma de colmena donde tradicionalmente vivían los zulúes y, en cuyo centro, situaban al ganado.

[2] Luria, A. R. (1984): Conciencia y lenguaje, Visor Libros, Madrid. Traducción de Marta Shuare.

[3] Luria, A. R. (1984): Conciencia y lenguaje, Visor Libros, Madrid. Traducción de Marta Shuare.

[4] Schlüter, A. M. (1996): El camino del despertar en los cuentos, Editorial Zendo Betania, Guadalajara.

[5] Estes, C. P. (2002): Mujeres que corren con los lobos, Ediciones B, Barcelona. Traducción de M.ª Antonia Menini.



jueves, 14 de enero de 2021

 

ARDEN LAS ZARZAS

Relatos y poemas de Teresa Iturriaga Osa


Días de revisión y pruebas de mi nuevo libro "Arden las zarzas" con la preciosa imagen que el artista Alfonso Crujera  me ha ofrecido como portada. 

Una obra realizada durante los meses de confinamiento en 2020 que inspira el título de este libro. Pronto verá la luz bajo el sello editorial de La Vocal de Lis en Barcelona. Gracias, Alfonso Crujera, Laura de Caralt, Imma Domenech y Sandra Palau. 

Gran equipo.

 


www.lavocaldelis.com

Editorial La vocal de lis

Balmes 381 /2-1

08022 Barcelona

 *


martes, 12 de enero de 2021

 

A RÁFAGAS



La suerte pasó a su lado

con lunares

en volantes

y una ráfaga de encajes

le gritó su nombre completo.

La tela de su falda

bromeó rozando auras

con un desparpajo de naranjos en flor.

 

Ay si su vida no hubiera estado

tan ensimismada

en su ombligo de cuentas,

ay si no se despistara tanto

con los boliches del suelo...

Se habría dado cuenta

de los giros y giros

que dio esa muchacha apoyada en su eje.

 

Mil pasos de tango

alargándole la noche

contra viento y marea,

para resucitarle de entre

los muertos

cada amanecer.

 

Teresa Iturriaga Osa

miércoles, 6 de enero de 2021

 

Alquimia

 


Todo era adverso. Parecía adverso. Su voz le pidió que jugara con ella en las plazas: que brincara en los remos de un elefante: que no dejara morir a esa niña. Nunca. Y así, sin darse cuenta, los dos se salvaron del puñal y del hechizo, al rescatar la palabra de aquel triste murmullo donde tan inconforme vivía. Porque aquello no era vida ni silencio.


                                                         Teresa Iturriaga Osa

domingo, 3 de enero de 2021

 

De papel

 

Siento un extraño y misterioso palpitar
al pasar las páginas del libro.

El tiempo se arruga, es frágil,
me mira con cara de póquer y dice:

la vida aún huele a bosque.

  


Teresa Iturriaga Osa






jueves, 31 de diciembre de 2020

 

FALLO DEL I CONCURSO DE MICRORRELATOS

“LA PERPLEJA”

 


El 28 de diciembre de 2020 se falló el I Concurso de Microrrelatos “La Perpleja”. El jurado del Bar La Perpleja (calle La Naval, 5, Las Palmas de Gran Canaria, España) con la escritora Teresa Iturriaga y la periodista Concha Martín decidió conceder el premio a la obra titulada “Iones y bacterias” de Miguel Ángel Gayo Sánchez.

El premio consiste en una obra artística conmemorativa del galardón y una cena degustación para dos personas de la carta creativa del Bar La Perpleja.

Este primer certamen internacional ha recibido 111 obras firmadas por participantes de diversas nacionalidades, principalmente de la geografía española, así como de Canadá, Colombia, Chile, Argentina, Perú, Guatemala, Paraguay, Uruguay, Honduras, Cuba, Estados Unidos, Venezuela, Bélgica y otros países europeos.

Dada la calidad y originalidad de los textos recibidos, la dirección del Bar La Perpleja se compromete a dar continuidad al concurso el próximo año y les agradece el alto nivel de participación.



IONES Y BACTERIAS

Nos conocimos en un chat de química e intercambiamos insufribles mensajes de enólogos aficionados: «Te recuerdo que la correcta proporción entre taninos y antocianos proporciona al caldo ese tono rubí tan característico», escribí. Ella tampoco se amilanó: «Tal proporción solo se consigue con una buena maceración de los hollejos». Le pregunté por su nick, «Perpleja». Me explicó que hacía referencia a su bar preferido: «El lugar te invita a la sorpresa». Fijamos una cita física. Quizás fuese el bar, coqueto y acogedor, o los buenos caldos que nos pimplamos, pero lo cierto es que cuando me disponía a explicarle la importancia de la liberación de iones H+ durante la fermentación del vino, ella me calló la boca con un beso húmedo e infinito. Sin duda, el intercambio de bacterias me dejó perplejo.

Miguel Ángel Gayo Sánchez

 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

 

TERTULIA LITERARIA EN 

CARACOLILLO COFFEE

 




Tertulia de escritores con Elisa Rueda, Emilio González Déniz, Noel Olivares, José Manuel Rodríguez Herrera y Teresa Iturriaga Osa en Caracolillo Coffee (León y Castillo, 110, Las Palmas de Gran Canaria), un lugar de encuentro con música y aromas de todo el mundo.